Los trastornos del sueño más frecuentes en la población son el insomnio, las piernas inquietas y las apneas del sueño, que afectan a un porcentaje importante de la población adulta y de los niños en nuestro país. Las consecuencias más graves que acarrean están relacionadas con los accidentes laborales y de tráfico.
Los trastornos del sueño constituyen un problema epidémico global, que además de importantes repercusiones económicas tiene una negativa implicación en la salud y la calidad de vida de más del 45 por ciento de la población en todo el mundo.
Sin embargo, a pesar de su impacto sociosanitario y económico, los expertos advierten que menos de un tercio de las personas con alteraciones graves del sueño buscan ayuda profesional para solucionarlos. El insomnio, el síndrome de piernas inquietas, la narcolepsia y la apnea del sueño son los desórdenes del sueño más comunes.
En España un tercio de la población adulta y un 25 por ciento de los niños tienen algún trastorno del sueño, y la excesiva somnolencia diurna afecta a un 5 por ciento de la población española. Una de las principales consecuencias nefastas que tienen estas enfermedades es que aumentan considerablemente la siniestralidad laboral y la accidentalidad en carretera.
Por ello, con motivo de la celebración el pasado 20 de marzo del Día Mundial del Sueño la Asociación Mundial del Sueño (WASM, en sus siglas en inglés), fijó como objetivo de este año dar a conocer las consecuencias que tiene un sueño deficitario en la accidentalidad en carretera, para lo que creó el eslogan “Conduce despierto, llega a salvo”. Y es que, como se señala desde esta organización, hasta un tercio de los accidentes de circulación podrían evitarse si se diagnosticaran y trataran precozmente los desórdenes del sueño.
¿Qué nos quita el sueño?
Los motivos que le quitan el sueño a la población española, según la neurofisióloga clínica del Instituto de Investigaciones del Sueño, la doctora Renata Egatz, son los problemas comunes, a los que se suma que "los españoles no tengan un orden de sueño", debido en gran medida a que "el ritmo de vida ha cambiado mucho en los últimos 30 años", lo que, junto con la aparición de la energía eléctrica, ha provocado que los ciclos de sueño se acorten.
En su opinión, los españoles son conscientes de la falta de horas de sueño, sin embargo existe una privación de sueño crónica que aumenta en muchos casos por los horarios laborales. Además, a esta situación hay que sumar el aumento de hábitos poco saludables como el alcohol, el tabaco y acostarse tarde que, al final, consigue que el individuo tenga "un mal hábito de vida".
Asimismo, existen factores estresantes, es decir problemas laborales, económicos y familiares que, según Egatz, "aumentan el nivel de ansiedad y el estado de activación diurna, lo que hace que por la noche cueste más desconectar", y, por tanto, "no se pueda conciliar y mantener el sueño correctamente".
En este sentido, el presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES), el doctor Francisco Javier Puertas afirma que "es probable que las preocupaciones derivadas de la delicada situación económica y del aumento de paro afecten negativamente a la calidad y cantidad del sueño de los españoles".
Según la ultima encuesta nacional de salud del Ministerio de Sanidad y Consumo un 14 por ciento de la población toma hipnóticos y ansiolíticos, y este porcentaje se acerca al 20 por ciento en población de más de 45 años; además, al 11 por ciento le cuesta dormirse y el 20 por ciento se despierta varias veces por la noche la mayoría de los días. Esta encuesta es de 2006, por lo que la situación posiblemente sea peor en estos momentos.
“La buena noticia -añade el doctor Joaquín Terán, neumólogo de la Unidad del Sueño del Complejo Hospitalario de Burgos- es que todos los trastornos del sueño pueden diagnosticarse y tratarse”.
Las consecuencias más graves: los accidentes
Conducir con sueño incrementa significativamente los riesgos que se asumen en la conducción de vehículos. El problema resulta especialmente grave si se tiene en cuenta que aproximadamente un 35 por ciento de los conductores realizan esta tarea de conducción en una situación de somnolencia. En estos momentos, se sabe que la somnolencia diurna y la fatiga provocan un gran número de siniestros en la carretera, calculándose que entre un tercio y una cuarta parte de los accidentes de tráfico relacionados con fallos humanos se deben a que el conductor se ha dormido, siendo una de las principales causas de muerte en jóvenes adultos.
Y es que, tal y como destacan los expertos, son accidentes más graves, porque al estar dormido el conductor no reacciona con tanta eficacia para evitarlos (no hay maniobras de evitación). A este respecto, la doctora Renata Egatz señala que “los trastornos de sueño repercuten claramente en la capacidad de atención y estado de alerta de los conductores y, por lo tanto, aumentan el riesgo de accidentes”.
Además, la falta de sueño y el consumo de hipnóticos que muchas veces lleva asociado alteran la vigilancia y de la capacidad de reacción. Y es que, en la era del coche y del consumo masivo de fármacos en la que vivimos, es importante conocer los efectos que éstos tienen sobre la capacidad de conducir. Sus efectos dependen no sólo del fármaco y la dosis, sino también de las condiciones del sujeto, y horarios de la toma. Además, el alcohol, interacciona con la privación de sueño y con otros fármacos exacerbando la somnolencia. Como recomienda el doctor Terán, “es necesario reconocer a la somnolencia en general como un factor de riesgo tan relevante como el alcohol o la conducción de vehículos de forma imprudente”.
En este sentido, el presidente de la Sociedad Española del Sueño señala que “cualquier acción encaminada a concienciar, diagnosticar y tratar los trastornos del sueño y mejorar la higiene de sueño de los españoles va a disminuir, sin duda, la accidentalidad por esta causa”. En su opinión, “ahora que la infracciones y el carné por puntos han reducido los accidentes debido al exceso de velocidad, es momento de marcarse objetivos como éste, en los que una buena educación sanitaria sobre la importancia del sueño es fundamental”.
Asimismo, como asegura el doctor Puertas, “la mejora de la calidad de sueño no sólo va a repercutir en una disminución de la accidentalidad en carretera y los fallos humanos en el trabajo, si no que está demostrado que se rinde mejor”. También los más pequeños se beneficiarán, no sólo por ser víctimas en los accidentes (los accidentes de tráfico son la primera causa de mortalidad infantil en niños de menos de 14 años), sino que también les afecta a su desarrollo cognitivo y conductual ya que, se ha comprobado como los niños con trastornos del sueño tienen peores notas y registran una mayor tasa de fracaso escolar.
Insomnio, Apnea del sueño, Narcolepsia y Síndrome de piernas inquietas
El insomnio, la apnea del sueño, la narcolepsia o el síndrome de piernas inquietas son los desórdenes del sueño más comunes. El insomnio afecta a más de un 15 por ciento de la población, y es una causa frecuente de fatiga. Además, suele llevar asociado el consumo de fármacos hipnóticos que alteran la vigilancia y la capacidad de reacción.
El 25 por ciento de la población adulta y el 1-3 por ciento de los niños sufre apnea del sueño, aunque se sabe que únicamente se diagnostican y tratan menos del 10 por ciento de los casos graves. Este trastorno se asocia con un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, siendo una causa principal de accidentes de tráfico, absentismo laboral y pérdida de calidad de vida.
Cuando estamos despiertos la garganta permanece abierta y el aire entra sin dificultad para permitir respirar normalmente. Sin embargo, cuando dormimos, esta tiende a cerrarse con la inspiración. Esto es normal y el organismo dispone de unos reflejos para evitar este colapso. No obstante, en algunas personas estos reflejos, bien por depósito de grasa o por otros factores, no funcionan correctamente y durante el sueño pueden llegarse a producir asfixias periódicas que obstruyen la respiración de manera repetida denominadas apneas del sueño. Estas obstrucciones, que pueden ocurrir hasta cientos de veces cada noche, condicionan un sueño de mala calidad, no reparador. Las apneas del sueño son causa de somnolencia durante el día y cansancio crónico.
Esta enfermedad, según han demostrado grupos de investigación fundamentalmente españoles, incrementa el riesgo de accidentes entre 3 y 7 veces, es decir, un 300 por ciento. “Si hay alguna enfermedad que incrementa el riesgo de accidentes de tráfico, y que es tratable, esta es la apnea del sueño”, sentencia el doctor Terán. Se calcula que el tratamiento de los pacientes con apneas de sueño evita más de 500 accidentes al año, lo que equivale a un ahorro neto de 7,9 billones de dólares.
Otro trastorno característico del sueño, con una alta incidencia de padecer accidentes de tráfico, si bien mucho menos prevalente que otras enfermedades del sueño, es la narcolepsia, enfermedad en la que aparecen ataques de sueño de forma brusca e irrefrenable en cualquier momento. Aunque todavía son escasos los estudios epidemiológicos extensos sobre la narcolepsia en España, las estimaciones apuntan a una prevalencia similar a la registrada en otros países occidentales: entre 20 y 40 narcolépticos por 100.000 habitantes. El problema, como señala el doctor Puertas, “es que se trata de una enfermedad que puede pasar desapercibida y tardar años en diagnosticarse”.
También paradigmático es el caso del síndrome de piernas inquietas, un trastorno neurológico que empeora la calidad del sueño y que afecta al 10 por ciento de la población. Se caracteriza por la necesidad irresistible de mover las piernas y por manifestar sensaciones desagradables y/o molestas en las extremidades inferiores, sobre todo en situación de reposo al final del día, que ceden o mejoran al moverlas. Según destaca la doctora Egatz, “esta patología representa el 25 por ciento de todo el insomnio diagnosticado, por lo que hay que tenerla siempre en cuenta en un paciente que refiere problemas de sueño”.
“La inmensa mayoría de las personas con un síndrome de piernas inquietas desconocen que padecen este cuadro, ya que bien ellas o sus médicos suelen atribuirlo a problemas de circulación, enfermedades reumáticas, estrés o depresión”, subraya el doctor Puertas. Actualmente, sólo unos pocos reciben el tratamiento adecuado. En concreto, la doctora Renata Egatz recuerda que “aproximadamente un 2-3 por ciento de las personas que tienen este trastorno requieren tratamiento farmacológico, siendo en estos casos absolutamente necesario ya que los síntomas sensitivo-motores ocurren durante el sueño y fragmentan la estructura del mismo”.
Trastornos del sueño y enfermedades neurogedenerativas
Pero donde realmente existe un dramático impacto de las enfermedades relacionadas con el sueño es, según destacan los expertos de la Sociedad Española del Sueño, en las personas que presentan enfermedades neurodegenerativas.
Y es que, como han puesto de manifiesto recientes estudios, las enfermedades neurodegenerativas se asocian a trastornos del sueño con más frecuencia que en la población general, tanto por el propio deterioro de los centros nerviosos que regulan el sueño como por el aumento de trastornos del sueño en esta población.
Según enumera el doctor Francisco Javier Puertas, “estas personas suelen presentar sueño de peor calidad, insomnio, síndrome de piernas inquietas, alteraciones de la conducta durante las ensoñaciones, síndrome de apnea del sueño,...”. Todo ello hace que estos pacientes puedan tener una somnolencia diurna excesiva, como sucede en el caso de la Enfermedad de Parkinson.
De hecho, se ha constatado que los trastornos del sueño y la somnolencia diurna aumentan con el empeoramiento de la enfermedad de Parkinson. Esta alteración del sueño debida al deterioro neurológico de la propia enfermedad y la aparición de otros trastornos del sueño son elementos que contribuyen a la incapacidad del paciente. Ante esta situación, aconseja el presidente de la SES, “el clínico debe intentar minimizar estas consecuencias con los tratamientos que mejoran la calidad de sueño”.
Fuente:saludalia.com